Teoría causal de la acción

Formulación Causal-Naturalística de Acción.


Esta concepción —denominada 'clásica'— fue sustentada por V. Liszt y Beling y se desarrolló a fines del siglo XIX. Se fundó en el pensamiento filosófico del positivismo mecanicista, en virtud del cual, toda la realidad se podía explicar sobre la base de causas y efectos; por ende, la conducta humana, parte de aquella realidad, también podía reducirse a dicha explicación. En esta línea de pensamiento, la teoría del conocimiento empleada era de carácter realista, es decir, el sujeto que conoce no puede alterar el objeto conocido.

Estos autores postulaban un concepto natural de la acción, es decir, pretendían que el Derecho Penal empleara un concepto óntico o real de la conducta tal como se la concebía por el positivismo en aquella época. Esta visión "natural" de la acción era la consecuencia lógica de extrapolar o proyectar las leyes de la naturaleza al campo del Derecho Penal, razón por la que el delito era simplemente el efecto o resultado de un proceso causal. Ahora bien, dentro de una cadena causal, al Derecho Penal sólo le interesan las condiciones o causas que, protagonizadas por un hombre (natural destinatario de las normas), han realizado la conducta prohibida expresada por el legislador en el tipo penal. Para estos autores, la acción o conducta era el único soporte material o sustantivo del delito, el cual, posteriormente, podía recibir ciertas determinaciones o calificaciones (v.gr. tipicidad, antijuridicidad, culpabilidad) dando lugar a un sistema piramidal ordenado y claro.

Hoy en día, sin embargo, la concepción natural de la acción se encuentra abandonada.

Concepto de acción


Para esta teoría la acción es "toda realización voluntaria de un movimiento corporal que produce un cambio en el mundo exterior (resultado), perceptible por los sentidos y unidos por una relación de causalidad".

Elementos de la acción


Del concepto anotado se desprende que la acción está integrada por: la manifestación de voluntad (impulso volitivo), el resultado y el nexo o relación de causalidad.

A) La manifestación de voluntad: se expresa en la realización (u omisión) voluntaria de un movimiento corporal.

La voluntariedad supone dos ideas. La primera, que la conducta se haya ejecutado "libre de fuerza mecánica o fisiológica y estuviere motivada por representaciones" (F. Von Liszt). La segunda, "la volición que caracteriza la manifestación de voluntad y, por consiguiente, el acto significa simplemente, en el sentido de esta concepción, el impulso de la voluntad. Se le puede definir físicamente como inervación, y se le puede concebir psicológicamente como aquel fenómeno de la conciencia por el cual establecemos las causas" (F. Von Liszt). Para esta concepción, la exigencia subjetiva se cumple con la sola existencia de una "voluntad de moverse", de hacer (o no) un movimiento, que éste pueda ser imputado a la psiquis de un ser humano como su causa o fuente de origen. El sentido, meta, destino o finalidad del movimiento, el 'por qué' o 'para qué' del mismo no integra la subjetividad propia de la acción y, si bien existe, sólo adquiere relevancia en el estudio de la culpabilidad (por eso se dice que una voluntad sin consideración de la finalidad es voluntad sin contenido y la supuesta "acción" no se diferencia de un mero proceso causal más).

B) El resultado(s). Es el cambio en el mundo exterior perceptible por los sentidos.

Para esta doctrina, el resultado podía asumir dos modalidades: a) ser el efecto o consecuencia causada por el movimiento corporal, constituyendo una entidad distinta y separada de éste; o bien, b) en los casos en que no exista un efecto o consecuencia diversa del movimiento corporal, será éste último, considerado en sí mismo, la modificación en el mundo exterior; ya que su ejecución supone un cambio en el estado de cosas existente en el mundo real con anterioridad a su realización. "La teoría jurídico-penal de la acción, se limita a preguntar qué es lo que ha sido causado por el querer del agente, cuál es el efecto producido por dicho querer. Todos los efectos del querer del sujeto que actúa son partes integrantes de la acción. Para la teoría jurídico- penal de la acción, es irrelevante si estos efectos han sido también contenido de la consciencia y del querer del agente..." "basta la certidumbre de que al respecto ha actuado voluntariamente. Lo que ha querido (es decir, el contenido de su voluntad) es por ahora irrelevante: el contenido del acto de voluntad tiene sólo importancia en el problema de la culpabilidad". (E. Mezger).

C) La relación de causalidad. Es el nexo que existe entre el movimiento corporal desplegado por el sujeto (causa) y los cambios ocurridos en el mundo exterior (efectos).

Tal como es posible advertir, el concepto "causal" de acción gira, casi exclusivamente, sobre el poder o capacidad "causal" que detenta la acción y que tiene lugar en el mundo real externo.

Ej.: Si A voluntariamente dispara un arma de fuego y ocasiona una herida a B, A ha realizado una acción constitutiva del delito de lesiones. Si la dirección u objetivo de la voluntad de A era la de dar muerte a B, o bien, la de limpiar su arma o de practicar tiro, en nada modifica la conclusión anterior toda vez que, de conformidad a esta doctrina, el contenido o dirección de la voluntad no se considera para determinar el sentido de una acción.

En síntesis: según esta concepción, existe acción si el movimiento (o su ausencia, en la omisión) ha sido voluntariamente causado, aunque, posteriormente, se establezca que el resultado producido ha sido por completo accidental.

Formulación Causal-Neokantiana (valorativa o neoclásica) de acción


Los avances de la física moderna y el auge de la filosofía existencial desplazaron el fundamento científico de la concepción causal clásica o natural de la acción. En consecuencia, el Derecho Penal no podía seguir afirmando que trabajaba con un concepto real u ontológico sacado de la vida misma. A comienzos del siglo XX la doctrina dominante inspirada en la filosofía neokantiana de Baden patrocinada por la escuela suboccidental alemana (Stammler; Rickert y Lask) abandona la fuente a la que habían acudido los autores anteriores para conocer el "ser" de la acción. Bajo este nuevo enfoque se postula una teoría del conocimiento idealista, en virtud de la cual, el sujeto cognoscente de alguna manera altera o crea el objeto conocido. Para esta filosofía, mientras las "ciencias de la naturaleza" se preocupan de observar y describir los hechos, las "ciencias del espíritu" se interesan por comprender y valorar el sentido de éstos. En esta nueva visión, la acción ya no puede reducirse o agotarse a un simple hecho natural, pasando a ser un hecho relacionado a un valor, lo cual determina un desplazamiento del concepto natural de acción y su reemplazo por un concepto valorativo. A partir de este momento, los partidarios de esta concepción postulan que el Derecho Penal no está obligado a respetar un concepto óntico o real de conducta. El Derecho Penal puede, para sus propios fines, 'crear', formular o trabajar con un concepto jurídico-penal de acción, el cual puede o no coincidir con un concepto científico-extrajurídico.

Este nuevo movimiento estuvo encabezado por E. Mezger y mantuvo una conceptualización y sistemática análoga a la anterior, razón por la cual, se lo ha denominado "neoclásico". Si bien el concepto de acción, en lo esencial, no varía, el fundamento (filosófico) cambió, ya que según la nueva postura no se considera a la realidad como tal, sino referida al valor. Así, no cualquier suceder externo o proceso causal es relevante para el Derecho, sino sólo aquél que le pertenezca a un hombre por haber sido éste su fuente o causa y aquello su consecuencia o efecto. "El Derecho separa la voluntad humana como causa, de todas las restantes causas" (Binding). Para la doctrina "neoclásica" si bien la acción sigue siendo portadora de su capacidad causal gatillada por la voluntad, lo nuevo de esta concepción es que reconoce que dicha voluntad no sólo es causa del movimiento corporal, sino que lo explica y le da sentido.

Este nuevo "sentido" que se reconoce a la voluntad como parte integrante del actuar humano, permite pasar de la simple o mera "inervación voluntaria" a la "conducta humana voluntaria"; hay un tránsito de considerar a la acción como simple "causa" a mirarla como un "obrar o hacer humano". Si bien la concepción de la acción bajo la perspectiva neoclásica, en lo esencial, no varía de su antecesora, la natural o clásica; los términos empleados para su conceptualización, son diversos. En efecto, para la doctrina causal clásica, la acción era un movimiento corporal impulsado por la voluntad que causaba una modificación en el mundo exterior perceptible por los sentidos. Para la doctrina causal neoclásica, en cambio, la acción se define como conducta (o comportamiento) voluntaria manifestada o exteriorizada en el mundo real y, de esta forma, se abandona un lenguaje enfatizador de su carácter "causal- naturalista". Empero, el nuevo enfoque normativo-valorativo y la reformulación terminológica del concepto de acción, no se proyecta en su estructura esencial toda vez que, al igual que en la doctrina clásica, se mantiene la separación tajante entre el impulso de la voluntad que desencadena el movimiento corporal y que es parte necesaria de toda acción y el contenido de la voluntad o representación del actor que, si bien existe, no es elemento de ésta como factor constitutivo y debe quedar relegada para su estudio en la culpabilidad. La razón por la que la concepción neocausal mantuvo un concepto predominantemente objetivo era que si bien admitía que, en un plano ontológico o pretípico, la acción estaba conformada por una dimensión subjetivo-objetiva, el Derecho Penal no está condicionado absolutamente por la "naturaleza de las cosas" y, para sus propios fines, podía elegir el contenido de sus conceptos. Esto le permitía para los fines del análisis sistemático de la teoría del delito, mantener la división de los elementos del delito en objetivos y subjetivos.

En todo caso, la separación tajante entre la voluntad como simple "causa" del movimiento corporal y el "contenido" de esa misma voluntad que la explica o le da un sentido determinado al movimiento desplegado, ha sido el común denominador de ambas versiones causales del concepto de acción y que se proyecta al resto de la teoría del delito. Esta bipartición entre lo "externo-objetivo y causal" del comportamiento y lo "interno-subjetivo" del mismo, ha llevado a los causalistas a concebir el carácter puramente (teoría clásica) o fundamentalmente (teoría neoclásica) objetivo de la tipicidad y de la antijuridicidad en cuanto a elementos o categorías del delito; reservando para la culpabilidad, el tratamiento y estudio de lo interno-subjetivo o contenido de la voluntad.

Críticas a la teoría causal de la acción


A. El reducir la acción a un mero proceso causal-externo desencadenado por un acto voluntario "cualquiera", implica una decapitación de la acción y del ser humano. En efecto, se presenta un hombre cuya capacidad psíquica se limita al actuar, a generar impulsos volitivos para realizar movimientos corporales carentes de un propósito o meta, los que sólo adquieren sentido por y en la medida que se alcancen ciertos cambios o resultados; de no ser así, quedan en el vacío y carentes de significación.

La "voluntad" concebida simplemente como ausencia de fuerza o presión y de querer "algo" es un contenido pobre, artificial y deshumanizante. Toda voluntad se dirige o apunta necesariamente hacia un fin determinado, por ende, no es posible concebir un acto de voluntad sin finalidad o propósito. No existe una voluntad de hacer "algo cualquiera o indeterminado". Cuando el hombre despliega un movimiento corporal simple o complejo, v.gr. caminar, ello puede obedecer a un propósito de simplemente caminar, de hacer ejercicio, de dirigirse a un lugar determinado, etc., y es dicha finalidad la que guía, controla y da sentido al comportamiento. Prescindir de la finalidad o dirección de la voluntad, en el caso del ejemplo: caminar, nos deja un "movimiento corporal puro", fenómeno típico del campo de la Psicopatología. El hombre cuando actúa, lo hace como una unidad o totalidad biopsicosocial. En consecuencia, la voluntad es siempre voluntad de algo concreto o definido; el hombre normal cuando realiza movimientos corporales los ejecuta "por y para algo" preestablecido y no porque sí, es decir, simplemente por moverse. Dar por concurrente a la voluntad supone considerar no sólo un continente (manifestación) sino, además, su contenido (dirección o finalidad) que es el factor que orienta y da real sentido al comportamiento.

B. La no incorporación de lo subjetivo (dirección o contenido de la voluntad), que es algo propio y exclusivo del hombre, al concepto de acción "humana", impide entender aquellas conductas delictivas que, no obstante la voluntad del actor, fracasan: es el caso de la tentativa y el delito frustrado. Ambas formas delictivas se caracterizan por la no producción del resultado, siendo éste nada menos que el factor, que conforme a la teoría causal, da sentido al actuar; por ende, su ausencia hace imposible la comprensión de aquél. Sólo considerando la subjetividad del actor se puede conocer si el proceso causal desencadenado por éste apuntaba a un resultado delictivo y cuál era éste. Este problema insoluble para la teoría causal la llevó a aceptar, como caso excepcional, que tratándose de este tipo de hipótesis, el contenido de la voluntad era parte integrante de la acción. Sin embargo, los partidarios de esta concepción no han manifestado qué razón lógica o ventaja sistemática existe para que, un mismo factor subjetivo (contenido o dirección de la voluntad), tenga distinta ubicación y tratamiento dependiendo si se ha producido o no un resultado, no obstante que dicho factor siempre ha estado presente en la mente del sujeto cumpliendo un mismo rol o función: ser el guía y contralor de la acción.

El que la teoría causal hiciese una concesión en carácter excepcional para que la subjetividad (contenido de la voluntad) tratándose de una tentativa o delito frustrado, formara parte del tipo de injusto y, por ende, de la acción, rompió el esquema de análisis de aquella teoría. Para ella, el tipo de injusto sólo estaba formado por los elementos objetivos o externos de la acción, quedando los elementos subjetivos relegados a la culpabilidad. Sin embargo, el criterio de discriminación, entre antijuridicidad como lo objetivo y la culpabilidad como lo subjetivo, sufrió un nuevo revés con el reconocimiento por un sector importante de la doctrina (H. Fischer; Hegler; M. E. Mezger) de los "elementos subjetivos del tipo (o de lo injusto)". Se constató que un número importante de delitos exigen no sólo el dolo como elemento subjetivo, sino además, otros elementos subjetivos distintos de aquél consistentes en intenciones que van más allá del querer realizar el tipo objetivo, o bien, implican una especial disposición interna en la realización del tipo objetivo (v.gr. el ánimo de lucro en el hurto o robo; el ánimus injuriandi en las injurias, o el animus lascivo en los abusos sexuales). Por lo tanto, de mantenerse el dolo en la culpabilidad y los elementos subjetivos de lo injusto en el tipo de injusto, no se advierte la razón lógica ni la ventaja sistemática de mantener artificialmente escindida la dimensión subjetiva.

C. Las consecuencias causales de un acto voluntario son, en principio, ilimitadas. Sin embargo, la responsabilidad criminal no surge respecto de cualquier resultado producido causalmente; sólo existe respecto de aquellos que han sido efecto de un actuar doloso o imprudente del actor. Pues bien, la consideración del contenido de la voluntad en relación a un resultado permite establecer un límite razonable respecto de aquélla.

D. Nos parece discutible la afirmación de la mayoría de la doctrina en el sentido que la concepción causal neoclásica se diferencia de la clásica porque aquélla, a diferencia de ésta, está referida a un valor y no se conforma con un mínimum subjetivo (impulso de la voluntad), sino que reconoce la existencia de la finalidad en el actor, con lo cual por primera vez el movimiento corporal adquiere una nueva dimensión al ser concebido como "actuar humano". En efecto, si la referencia al valor viene dada por la introducción de un factor subjetivo (dolo o culpa) que permite "valorar" de distinta manera la conducta; de nada sirve reconocer la existencia de dicho factor en el sujeto si, a continuación, se lo excluye y no se le considera integrante de la acción. Por lo tanto, a la postre y en el hecho, tanto la concepción clásica como la neoclásica se conforman, al conceptualizar la acción, con el mismo mínimum subjetivo. Por otro lado, si la referencia al valor tiene lugar toda vez que, dentro de la multiplicidad genérica de procesos causales, se seleccionan aquellos cuya fuente causal "específica" es el hombre, acontece que ambas concepciones causales de la acción parten del mismo supuesto y, por ende, no se advierte entre ellas ninguna diferencia.
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