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Desarrollo del Juicio Oral

DESARROLLO DEL JUICIO ORAL


El día y hora fijados, se debe constituir el tribunal con la asistencia del fiscal, del acusado, de su defensor y de los demás intervinientes, verificándose la disponibilidad de los testigos, peritos, intérpretes y demás personas que hayan sido citadas a la audiencia y se declarará iniciado el juicio.

El Juez Presidente señala las acusaciones que deben ser objeto del juicio, contenidas en el auto de apertura del juicio oral; advierte al acusado que debe estar atento a lo que va a oír, y dispone que los peritos y los testigos hagan abandono de la sala de audiencia.

A continuación, el Presidente concede la palabra al fiscal, para que exponga su acusación, y al querellante para que sostenga la suya y la demanda civil, si la ha interpuesto. (Art. 325)

Luego de realizado lo anterior, se indica al acusado que tiene la posibilidad de ejercer su defensa y, al efecto, se le ofrece la palabra al abogado defensor quien puede exponer los argumentos en que basa la defensa.

Al acusado se le permite que manifieste libremente lo que crea conveniente respecto de la acusación formulada y, luego, puede ser interrogado directamente por el fiscal, el querellante y el defensor y, finalmente, los jueces pueden formularle preguntas con el fin de aclarar sus dichos.

Además, en cualquier estado del juicio, el acusado puede solicitar ser oído con el fin de aclarar o complementar sus dichos.

De esta forma, el juicio oral comienza con las exposiciones resumidas de sus argumentos, que hacen los acusadores y la defensa y es posible que el acusado no declare y lo haga más adelante en uso de la facultad que le concede el artículo 326.

Estas exposiciones sintéticas suelen denominarse alegatos de apertura, los que tienen una importancia fundamental para todo litigante en el juicio oral, pues constituyen, junto con los alegatos de cierre o de clausura, la oportunidad que tiene cada parte para exponer su propia "teoría del caso", es decir, la manera en que el abogado presenta el caso ante el tribunal.

Cada parte determina el orden en que rendirá su prueba, correspondiendo recibir primero la ofrecida para acreditar los hechos y peticiones de la acusación y de la demanda civil y luego la prueba ofrecida por el acusado respecto de todas las acciones que han sido deducidas en su contra. (Art. 328)

Los peritos y testigos deben ser interrogados personalmente en la audiencia, por lo que su declaración personal no puede ser sustituida por la lectura de los registros en que consten anteriores declaraciones o de otros documentos que las contengan.

Sin embargo, y por excepción, una vez que el perito o testigo haya prestado declaración, se puede leer en el interrogatorio parte o una parte de sus declaraciones anteriores prestadas ante el fiscal o el juez de garantía, cuando ello sea necesario para ayudar la memoria del testigo; demostrar o superar contradicciones; o solicitar las aclaraciones pertinentes. (Arts. 331 y 332)

A petición de alguna de las partes, el tribunal puede ordenar la recepción de pruebas que ella no haya ofrecido oportunamente, cuando justifique no haber sabido de su existencia sino hasta ese momento. (Art. 336)

Concluida la recepción de las pruebas, el juez presidente de la sala otorga sucesivamente la palabra al fiscal, al acusador particular y al defensor, para que expongan sus conclusiones. El tribunal debe tomar en consideración la extensión del juicio para determinar el tiempo que concederá al efecto.

Este es el llamado alegato final, el cual constituye una de las más importantes actuaciones del abogado litigante, pues, es en éste acto y no antes, donde por primera y única vez el abogado procurará darle total coherencia interna y unidad a su relato, a su "teoría del caso", a la forma como ha contado la historia que desea que el tribunal crea.

A continuación, se otorga al fiscal y al defensor la posibilidad de replicar. Las respectivas réplicas solo pueden referirse a las conclusiones planteadas por las demás partes.

Por último, se otorga al acusado la última palabra, para que manifieste lo que estime conveniente y, a continuación, se declarará cerrado el debate. (Art. 338)